La angustia de separación

La relación entre madre e hijo es especial; y durante los primeros años la separación es dolorosa para ambos. Bueno, no sé si la separación deja alguna vez de ser dolorosa para la madre…

¿Por qué siempre “madre e hijo”? No, no estoy olvidando el importante papel del padre, ni mucho menos participando en una oscura conspiración para mantener a las mujeres en sus casas.

Para hablar con absoluta propiedad, cada niño establece una relación especial con una “figura de apego primario”. Esa figura puede ser el padre, la abuela, o hasta la monjita del orfanato. Pero en todo caso sólo es una, y casi siempre es la madre. Como “figura de  apego primario” es largo y feo, en lo sucesivo diré simplemente “madre”.

A partir de su relación con la madre, el niño establecerá más adelante otras relaciones con otras figuras de apego secundarias: padre, abuelos, hermanos, amigos, maestros, novio, compañeros de trabajo, jefes, cónyuge, hijos… Cuanto más sólida y segura es la relación con la madre, más sólidas y seguras serán las demás relaciones que el individuo establezca a lo largo de su vida.

Esta relación entre madre e hijo se mantiene por una serie de conductas de apego instintivas, tanto en una como en otro.

La conducta del recién nacido es completamente instintiva, aunque con el tiempo va aprendiendo a modificarla en el sentido que marcan las pautas sociales. La conducta de la madre es en gran parte aprendida; pero por debajo siguen estando unos sólidos instintos. No cuida usted a sus hijos porque se lo hayan explicado en el curso de preparación al parto, ni porque se lo inculcaran en el colegio, ni porque lo recomienden en revistas como ésta… hace millones de años, las mujeres (o lo que había antes) ya cuidaban a sus hijos, y la prueba es que todavía estamos aquí.

Ningún niño puede sobrevivir si alguien no le cuida, protege y alimenta durante largos años, con infinita dedicación e infinita paciencia.

Habitualmente, las creencias, costumbres y normas sociales van en el mismo sentido que el instinto, y no hacen más que matizarlo o encauzarlo. Pero cuando las normas nos obligan a vivir en contra de nuestros instintos surge un conflicto.

Si alguna vez, en el cuidado de su hijo, se ha sorprendido a sí misma pensando algo así como: “Se me parte el corazón, pero hay que hacerlo”, o “Pobrecito, qué pena da, pero es por su bien”, probablemente es que está usted luchando contra sus más íntimos deseos.

Los niños pequeños no pueden consolarse con ese tipo de razonamientos. Sencillamente, cuando su instinto va por un lado y el mundo por otro, se enfadan muchísimo.

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La reacción a la separación

Tanto la madre como el niño muestran, decíamos, una conducta de apego, una serie de actividades tendentes a mantener el contacto.

  • La conducta de apego de la madre consiste en acercarse a su hijo, tomarlo en brazos, hablarle, hacerle carantoñas…
  • La conducta de apego del niño, al principio, consiste en llorar y protestar. Más adelante podrá gatear o caminar hacia su madre.

Funciona por el mismo mecanismo que la conducta alimentaria: cuando necesitamos comida tenemos una sensación desagradable, el hambre, que nos mueve a comer, y cuando comemos esa sensación desaparece y nos encontramos bien. Pues cuando madre e hijo se separan se sienten mal; el niño llora y la madre le busca. Cuando vuelven a encontrarse desaparece aquel malestar; madre e hijo se tranquilizan y dejan de llorar.

Cuando nuestras felices antepasadas sentían la necesidad de acercarse a su hijo, simplemente se acercaban. Probablemente sólo estaban separadas de sus hijos de forma ocasional y accidental. Aún hoy, una gran parte de las madres del mundo llevan a su hijo a la espalda durante todo el día, y luego duermen a su lado durante toda la noche.

Las madres occidentales, y no sólo cuando trabajan fuera de casa, tienen muchas más oportunidades para experimentar la ansiedad de la separación. En algunos ambientes, la madre que pasa mucho rato con su hijo es criticada; se insiste en que reserve tiempo para sí misma, para su marido, para actividades sociales (en las que, por supuesto, llevar a un bebé sería de muy mal gusto).

La ansiedad de la madre que debe separarse de su hijo durante unas horas, para ir al teatro o al restaurante, es un tema habitual de las telecomedias: los complejos preparativos, las inacabables instrucciones a la canguro, las llamadas telefónicas, el precipitado regreso…

La reacción del bebé, por su parte, no está en principio mediada por factores culturales. El recién nacido se comporta igual ahora que hace un millón de años. Pero los niños aprenden pronto, y adaptan su conducta a las respuestas del entorno. Por ejemplo, un bebé al que sistemáticamente se ignora, al que nadie coge en brazos cuando llora, acaba por no llorar. No es que se esté acostumbrando, ni que haya aprendido a entretenerse solo, ni que se le haya pasado el enfado; en realidad, se ha rendido, se ha dejado llevar por la desesperación.

La intensidad de la respuesta a la separación depende de muchos factores:

1- La edad del niño. Los menores de 3 años toleran mal las separaciones; los mayores de 5 años suelen tolerarlas bien.
2- La duración de la separación. Las separaciones prolongadas (varios días seguidos sin ver a la madre) pueden producir un grave trastorno mental, el hospitalismo (así llamado porque era frecuente en niños hospitalizados cuando no se permitían las visitas), caracterizado por depresión y desapego afectivo.

Basta con una separación muy breve para desencadenar una conducta específica (“salgo un minuto de la habitación y se pone a llorar como si le estuvieran matando”).

El método habitual en psicología para valorar la relación madre hijo, alrededor del año de edad, es el llamado “test de la situación extraña”. Consiste, básicamente, en que la madre salga de la habitación en la que está con su hijo mientras éste está distraído, dejándolo en compañía de una desconocida, permanezca fuera de la habitación tres minutos, y vuelva a entrar.

  • El niño con un apego seguro, en cuanto nota la ausencia de la madre, la busca con la mirada, se dirige hacia la puerta, con frecuencia llora. Cuando la madre vuelve a entrar la saluda, se acerca a ella, se tranquiliza rápidamente y sigue jugando.
  • Los niños con un apego inseguro o ansioso se clasifican en dos grupos: elusivos o evitantes (parecen tranquilos mientras la madre no está, y la ignoran deliberadamente cuando vuelve, disimulando su propia ansiedad) y resistentes o ambivalentes (se alteran cuando la madre no está, pero cuando vuelve se muestran agresivos con ella y tardan mucho en volver a la normalidad).

Mucha gente confunde fatalmente los síntomas: llaman “caprichoso” o “enmadrado” al niño que tiene una relación normal con su madre, mientras que elogian al que muestra un apego ansioso elusivo: “se queda con cualquiera”, “no molesta”, “se entretiene solo”

Una separación de sólo tres minutos ya tiene un efecto claro, y la respuesta depende de la relación previa con la madre; de si el niño está acostumbrado a que le atiendan y le hagan caso, o a que le ignoren, o a que le riñan.

Las separaciones más largas y repetidas producen una reacción más intensa. Incluso los niños con un apego seguro pueden mostrar conductas evitantes o ambivalentes cuando la madre vuelve del trabajo. Pueden ignorarla, negándole el saludo y la mirada; o bien colgarse de ella como una lapa y exigir constante atención, o incluso mostrarse agresivos.

Es muy probable que alternen las tres conductas en rápida sucesión. Es importante que los padres comprendan y reconozcan que estas conductas son normales. No hay que tomárselo como algo personal, su hijo no ha dejado de quererla ni nada por el estilo. No está enfadado contra usted; está enfadado por su ausencia. Enfadarse con él, devolver el desdén con desdén o la ira con ira, intentar técnicas educativas para modificar la conducta del niño, no es más que una pérdida de tiempo. Ya que puede estar pocas horas con él, al menos dedique esas horas a prestarle atención y cariño, a demostrarle que le sigue queriendo igual aunque él esté enfadado. Tómelo en brazos, cómaselo a besos, juege con él, recarguen baterías antes de la próxima separación.

3.- La frecuencia de las separaciones. Tras una primera experiencia, el niño parece desconfiado, exige atención constante, como si vigilase a la madre temiendo que se vuelva a ir, y puede reaccionar aún peor la próxima vez.

4.- La persona que sustituya a la madre. Si es alguien a quien el niño conoce bien, que le presta atención y le trata con cariño, como el padre o la abuela, el niño puede soportar bastante bien unas horas de ausencia de la madre.

5.- La calidad de la relación previa con la madre. Entre los menores de tres años, los que tienen una mejor relación con la madre son los que más parecen sufrir con la separación; en el otro extremo, los niños desatendidos hasta bordear el abandono apenas reaccionan cuando su madre se va. Un observador muy superficial puede pensar que el niño está “tranquilo”, o incluso “feliz”; en realidad, lo que ocurre es que está tan mal que ya no puede estar peor; no pierde nada cuando se va su madre, y por tanto no le importa. Por desgracia, las madres escuchan a veces consejos como “no lo cojas en brazos, no le des el pecho, no juegues tanto con él… si se acostumbra, sufrirá más cuando tengas que volver a trabajar”. Pero así el sufrimiento es mayor, y desde el primer día; lo único que disminuye es la manifestación externa de ese sufrimiento. No, al contrario, dele a su hijo todo el cariño y todo el contacto físico que pueda, durante todo el tiempo que pueda. Que tenga el mejor comienzo.

Después de los tres años, y sobre todo de los cinco, ese buen comienzo da frutos manifiestos. Son entonces los niños que habían tenido una relación más intensa con su madre, más brazos, más contacto, más juegos, los que mejor se adaptan a la separación. Porque el cariño ilimitado de los primeros años les ha dado la confianza en sí mismos y en el mundo que necesitan para iniciar el camino de la independencia. Ahora sí que están contentos en la escuela, y es verdadera felicidad y no simple apatía, una felicidad basada en la seguridad de que su madre volverá y les seguirá queriendo.

La conducta de apego (el llanto y las protestas del niño separado de su madre) tiene un valor adaptativo.

Es decir, a lo largo de millones de años, ha tenido un efecto, mantener juntos a la madre y a su hijo, efecto que ha favorecido la supervivencia de los niños y por tanto de los genes que regulan dicha conducta. Cuando la conducta de apego alcanza su efecto se refuerza; es decir, se repite con mayor intensidad y frecuencia. Cuando no produce efecto se debilita y puede llegar a extinguirse. El primer día que usted vaya a trabajar, será probablemente la separación más larga de su hijo desde que nació.

Hasta ahora, cuando él se encontraba solo, lloraba, y alguien aparecía en pocos minutos y le cogía en brazos; normalmente usted, a veces papá o abuela. Si el niño no se consolaba en pocos minutos con otra persona, usted siempre acaba por aparecer, tal vez tardaba media hora si había salido a comprar…

Pero hoy, haga lo que haga su hijo, usted no volverá en ocho o diez horas. En el mejor de los casos, si está con la abuela o con otra persona que le puede prestar atención exclusiva, esa persona vendrá a consolarle en pocos minutos. Si está en una guardería puede llorar durante mucho rato sin que nadie le coja en brazos; la cuidadora tiene ocho niños y sólo dos brazos.

Los primeros días puede que su hijo llore bastante. Pero su llanto no tiene la respuesta esperada; mamá no vuelve. El niño aprende que, en determinadas circunstancias, llorar no sirve de nada, y poco a poco deja de hacerlo. Pero eso no significa que la separación ya no le afecte; las separaciones repetidas, recuerde, producen una angustia cada vez mayor, que no se manifestará mientras la madre está ausente, sino precisamente cuando la madre vuelve. Entonces las protestas del niño sí que tienen (por fortuna) la respuesta esperada.

Dicho de otro modo: el niño puede estar bastante tranquilo en la guardería, o con la abuela. Puede estar incluso, si tiene suficiente edad, contento y activo, jugando y riendo. Pero cuando vuelve a ver a su madre rompe a llorar, se le echa encima, se pega a sus faldas, grita, le exige brazos, se enfada con ella, le pega, vuelve a llorar… Lo que se suele llamar “ponerse muy pesado”.

Como de costumbre, algunas personas lo entienden todo al revés. Si en la guardería estuvo jugando, es que no le pasa nada. Y si, no pasándole nada, luego se pone a llorar, es que tiene cuento o hace teatro. Y si hace teatro precisamente con su madre es porque ésta se deja tomar el pelo y no sabe imponer disciplina, y él pretende hacer que se sienta mal, castigarla por haberse ido.

¿Qué debería hacer entonces el pobre niño para demostrar que sí que le pasa algo, que no es comedia? ¿Pasarse seis, ocho o diez horas seguidas llorando en la guardería? Por favor, nadie puede hacer eso, por grande que sea su dolor.

Imagínese que acude al funeral de un buen amigo. Seguro que pasa un rato muy triste, y en algún momento busca el contacto de un amigo común, se abrazan y lloran. Pero al cabo de unas horas estará tomando un café, tal vez con ese mismo amigo común, y hablarán de cosas sin importancia, y sonreirá, y esa misma noche cenará y verá la tele, y al día siguiente irá a trabajar como si nada, y nadie en el trabajo sabrá que viene usted de un funeral, y alguien contará un chiste, y usted se reirá. ¿Significa eso que no le pasa nada, que su dolor no era sincero, que sólo hacía comedia?

Pero no hace falta recurrir a ejemplos tan extremos, pues también la madre sufre cuando se separa de su hijo pequeño. ¿Acaso no se le partió el corazón cuando lo dejó por la mañana? ¿No ha pensado varias veces en él, qué hará, cómo estará, habrá llorado mucho? ¿No ha venido lo antes posible a recogerlo? Y, sin embargo, ¿no ha pasado la mañana trabajando normalmente, disimulando su dolor, hablando con la gente, sonriendo? Pues su hijo ha hecho lo mismo.

No es raro que el niño llore más a medida que va creciendo. A los 5 meses estaba tranquilo en la guardería, y tranquilo en casa. A los 14 meses llora cada mañana porque no quiere ir, y pasa las tardes de muy mal humor. Por un lado, como dijimos, la repetición de las separaciones aumenta la angustia. Pero, sobre todo, el niño de 5 meses no puede sentarse, no puede hablar, no puede gatear… sus posibilidades de expresar la angustia son menores, pero eso no significa que esté menos angustiado.

A veces, este cambio es relativamente brusco. Un niño que parecía bien adaptado a la guardería de pronto se resiste con uñas y dientes tras las vacaciones de Navidad o de verano. Creo que en estos casos influyen dos factores: por un lado, la relación con su madre ha mejorado mucho en esas semanas; ha sido tan feliz en su compañía que ahora la pérdida es más evidente. Por otro lado, los niños pequeños no comprenden muy bien eso de las vacaciones. Simplemente, se había acostumbrado a aceptar algo como inevitable, Mamá siempre se va a trabajar, y de pronto ve que no es inevitable. “Si la semana pasada se quedó conmigo, ¿por qué no puede quedarse también esta semana?”.

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Con quién dejaré a mi hijo

Si la madre tiene que ausentarse, para ir a trabajar o simplemente para ir a comprar el pan, alguien tendrá que sustituirla (es muy peligroso dejar a un bebé o a un niño pequeño solo en una casa, aunque sea poco rato).

¿Qué características debería cumplir esa persona?

1.- Alguien que pueda dedicarle al niño tanto tiempo como le dedica la madre. Por supuesto que la madre no le dedica cada minuto de su tiempo: va al lavabo, habla por teléfono, prepara la comida… Pero cuando el bebé está despierto, pasa mucho rato mirándole a los ojos, diciéndole cosas, tocándole, cantándole… y también mucho rato saludándole desde lejos, diciéndole alguna cosa al pasar para mantener el contacto. Si el niño llora, la madre puede acudir en pocos minutos (a veces, en pocos segundos), y dejar cualquier otra cosa para tenerlo en brazos todo el tiempo que haga falta. La persona que la substituya, ¿tendrá tiempo material para hacer lo mismo?

2.- Alguien a quien el niño conozca. El padre es ideal, y la abuela (o el abuelo, que cada vez están más espabilados) u otros familiares también suelen serlo, si han tenido suficiente contacto previo con su hijo. Pero los niños no sienten “la llamada de la sangre”; si nunca ha visto a su abuela, es tan desconocida como cualquier otra persona.

Muchas madres intentan acostumbrar a su hijo a los biberones una semanas antes de volver al trabajo. Es un esfuerzo inútil, que suele conducir a la frustración (¿por qué iba a aceptar un biberón, si está allí el pecho de su madre?). No pierda el tiempo con eso; lo realmente importante es acostumbrarlo a la persona que le cuidará. Si va a ser la abuela, que venga o vayan a visitarla casi cada día. Si va a contratar a una cuidadora que venga a casa, contrátela con un par de semanas de antelación. Si va a llevarlo a la guardería, vaya con su hijo las últimas semanas.

Vaya con su hijo; esa es la clave. No estamos hablando de dejarlo solo con la canguro o en la guardería, y volver al cabo de una hora, y otro día al cabo de dos horas… Eso tal vez sea un poco mejor que dejarlo ocho horas de golpe; pero muy poco mejor. Lo que está haciendo en realidad es adelantar la separación en dos semanas, y desperdiciando parte del precioso tiempo que aún le queda para estar juntos.

No. Se trata de que la canguro venga a casa y estén las dos con su hijo, o de que vaya usted a la guardería y permanezca allí con él una o dos horas. Si su hijo conoce a la nueva cuidadora, o el nuevo ambiente de la guardería, precisamente cuando más angustiado está porque se ha separado de usted, es probable que asocie esas sensaciones desagradables al nuevo lugar o a las nuevas personas.

Vamos, que les cogerá manía. En cambio, las personas y lugares a las que conoció en momentos de felicidad (es decir, estando con usted) le traen recuerdos agradables que le ayudan a soportar la separación. Y también se abre camino en su cabecita una vaga idea de que “esta señora es amiga de Mamá, puedo confiar en ella”.

Es posible que aún queden guarderías en que no permitan la entrada de la madre. En mi opinión, la negativa a que la madre entre en la clase en cualquier momento que ella elija, y permanezca junto a su hijo durante todo el tiempo que ella desee, sería motivo suficiente para empezar a buscar otra guardería.

3.- Alguien estable. No es bueno que un niño pequeño pase de mano en mano. Tanto las abuelas como las guarderías suelen cumplir este requisito de estabilidad; pero si contrata a una canguro, asegúrese de que realmente piensa dedicarse durante años a cuidar de su hijo, y no está simplemente  buscando un empleo de verano.

4.- Alguien en quien pueda confiar plenamente. Que trate a su hijo con cariño y respeto, que jamás le haga daño. Del padre, de los abuelos, de los tíos, usted ya sabe, por experiencia de años, qué puede esperar. Pero dejar a su hijo en manos de una desconocida requiere un acto de fe, y este es otro motivo por el que conviene que no sólo su hijo, sino usted misma, conozca a esas personas durante un par de semanas, y valore durante horas su conducta hacia el bebé.

Por desgracia, de vez en cuando se descubren casos de malos tratos o abusos sexuales. No tenga miedo a parecer obsesiva o desconfiada; tiene usted todo el derecho del mundo a desconfiar, a pedir referencias, a hablar largo y tendido con esa persona y “examinarla” (“¿crees que es bueno cogerlos en brazos?” “¿qué harás cuando llore?” “¿y si no quiere la papilla?”).

Al fin y al cabo, le está usted confiando su bien más preciado, su propio hijo, y en el momento en que es más vulnerable. Si no se atreve a dejarle a esa persona las llaves de su casa, las llaves de su coche o su tarjeta de crédito, ¿cómo se atreve a dejarle a su hijo?

La persona que cuide a su hijo debe tener también la madurez y experiencia necesarias. Una adolescente puede ser adecuada para hacer compañía a un niño de seis años mientras usted va al cine; pero cuidar a un bebé no es lo mismo.

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Las opciones en la práctica

1.- Abuelos y otros familiares. Deben tener, por supuesto, ganas de encargarse de su hijo, y salud y fuerza suficiente para hacerlo. A veces vemos abuelas auténticamente explotadas, la palabra es dura pero real. En el otro extremo, algunas madres podrían dejar a su hijo con un familiar deseoso de cuidarlo, pero no se atreven por temor a parecer “aprovechadas”. En algunos casos, una forma de superar esta situación es pagar por el cuidado de su hijo, como pagaría si lo llevase a la guardería. Así puede obtener una buena atención para su hijo sin sentir que se aprovecha, y al mismo tiempo puede ayudar económicamente a unos abuelos con una pensión escasa o a una hermana en paro sin ofenderles.

2.- Alguien que venga a casa a cuidar a su hijo. Puede ser una amiga o conocida que necesite un trabajo. Para buscar a una profesional, una buena opción es a través de una guardería. Allí van las estudiantes de puericultura a hacer prácticas, y pueden recomendarle a alguna.

3.- Llevar a su hijo a casa de otra persona. En ocasiones, tres o cuatro amigas con niños de edades similares se ponen de acuerdo, una cuida a todos los niños mientras las otras trabajan, y comparten sus ganancias. En algunos países, los gobiernos facilitan y subvencionan estos arreglos. En España, algunos ayuntamientos, como el de Sant Feliu de Guixols, promueven un servicio de cuidadoras de niños, haciendo cursos de formación y dando a las cuidadoras un diploma.

4.- Llevar a su hijo a una guardería. En el momento actual, esta suele ser la opción menos recomendable, pues por desgracia la legislación española permite ocho niños menores de un año por cuidadora, y muchos más después del año, lo que es absolutamente incompatible con una atención adecuada. Incluso una persona cariñosa, experimentada y dedicada no tendrá tiempo material para cuidar a ocho bebés. Sólo en darles de comer y cambiar pañales se le pasará casi todo el tiempo. En Estados Unidos, la ley sólo permite cuatro niños por cuidadora, y muchos expertos consideran que eso es excesivo y que debería reducirse a tres.

El problema, por supuesto, es económico. Las guarderías no se inventaron para satisfacer una necesidad de los niños, sino una necesidad del sistema capitalista, que necesita el trabajo de los padres para mantener niveles de producción y consumo adecuados, y por tanto algo hay que hacer con los niños. En Bielorrusia, donde las madres disfrutan de una licencia de maternidad de tres años (recuerdo del sistema comunista), no hay guarderías. ¿Quién iba a querer instalar una?

Por lo tanto, el razonamiento no ha sido: “los niños necesitan tanto espacio, tantas cuidadoras, tantos materiales… todo esto cuesta tanto dinero, vamos a ver de dónde lo sacamos”, sino al revés: “disponemos de tanto dinero, vamos a ver para qué nos llega”. Y la cantidad de dinero disponible es sólo, por definición, una pequeña parte de lo que gana la madre, porque si no no le saldría a cuenta ir a trabajar. Y en nuestra sociedad las madres suelen ganar menos que los padres. Así que sólo llega para grupos sobrecargados a cargo de cuidadoras mal pagadas (las puericultoras de la guardería deberían ganar más que los profesores de universidad, puesto que están haciendo un trabajo más difícil, más delicado y más importante).

Esta aberración se extiende por toda la sociedad, contribuyendo a desprestigiar el cuidado de los niños: La hora de faenas domésticas se paga mejor que la hora de cuidado de niños (¿qué es más importante, que le dejen el suelo bien limpio o que atiendan bien a su hijo de un año?). La madre que toma la costosa (pues no cobra) decisión de dedicarse plenamente a cuidar a sus hijos durante meses o años no es más que una “maruja”, y muchos en su entorno se asombran o se compadecen de ella porque “no hace nada” o “renuncia a su carrera”. En cambio, la que trabaja fuera de casa “se realiza”, sea cual sea ese trabajo: escribir a máquina durante horas, meter sardinas en una lata o incluso cuidar a ocho bebés en una guardería.

Si necesita llevar a su hijo a una guardería, visite varias y compruebe cuántos niños hay en cada una, cómo les tratan, el carácter y la simpatía de las señoritas, si dejan entrar a la madre… Si trabaja lejos de casa, si tiene que pasar cada día una hora en el tren o el autobús, le conviene una guardería cercana a su lugar de trabajo: así puede estar una hora más con su hijo al ir, y otra al volver, y tal vez incluso visitarle a la hora del bocadillo.

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Cómo recuperar lo perdido

Ofrézcale a su hijo todo el cariño, el contacto físico y la atención que pueda durante todo el tiempo que pueda, por las tardes y en los fines de semana. Acepte su conducta como normal, reconozca que sus llantos, protestas y exigencias no son “caprichos” ni indicios de malcriamiento, sino pruebas de amor.

Muchos bebés parecen iniciar espontánemente un programa de “reducción de daños”. Mientras su madre no está, se pasan casi todo el rato durmiendo y no comen nada o casi nada, ni siquiera aceptan la leche que su madre se sacó y les dejó en la nevera. Luego pasan la tarde y la noche en danza y enganchados a la teta.

Es agotador, pero al mismo tiempo un gran consuelo para la madre, que piensa “es como si no me hubiera ido, no me echó de menos porque estaba durmiendo”. Muchas madres que trabajan deciden meterse al niño en la cama por la noche; es la manera más fácil de satisfacer las necesidades de pecho y contacto de su hijo, y al mismo tiempo dormir lo suficiente para poder mantener la cordura.

Recuerde, el meollo de la conducta de apego, lo que su hijo instintivamente necesita, es su presencia. Incluso una madre dormida le sirve, al menos por la noche. Ya ha tenido la tarde para mirarle a los ojos, hablarle, jugar con él… ahora puede dormir tranquila, que su hijo ya se tranquilizará solito cuando se despierte y la vea a su lado.

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Bibliografía:

Bowlby, J. Child Care and the Growth of Love. 2ª ed. Penguin Books, London, 1990

Small, MF. Nuestros hijos y nosotros, Javier Vergara editor, Barcelona 2000

Jackson, D. Three in a bed, the benefits of sleeping with your baby. Publishing, London, 1999

Autor: Carlos González
Referencia: elblogdesina | publicado en: Varios crianza |

La Disciplina Positiva.

La Disciplina Positiva

¿Cómo aprenden los niños muy pequeños a controlarse, a ayudarse a si mismos, a llevarse bien con los demás y a seguir procesos escolares y familiares? Tal aprendizaje ocurre cuando los padres y maestros de los jóvenes desempeñan un papel activo en ponerles límites, animan el comportamiento deseado y toman decisiones para manejarlos.

El presente artículo sugiere métodos y lenguaje que pueden utilizarse para tratar con situaciones comunes que incluyen a los niños muy pequeños.

MÉTODOS DE DISCIPLINA QUE ANIMAN LA CONFIANZA EN SI MISMO

1) Demuestra que comprendes y aceptas la razón por la cual el niño hace lo que, a tu  parecer, está mal:

“Quieres jugar con el camioncito pero…”

“Quieres que me quede aquí contigo, pero…”

“Sé que estas triste de dejar ese juego aquí pero…..”

Esto deja saber al niño que reconoces sus deseos y validas sus emociones, También demuestra una relación honesta  y clara desde el principio lo que da seguridad al niño.

2) Di el “pero” para que ponga un sentido sobre lo que quiere el adulto:

“Quieres jugar con el camioncito, pero María lo está usando ahora mismo.”

“Quieres que me quede aquí contigo, pero ahora necesito (irme, ayudar a tu hermana, preparar la comida, etc.)

Con esto el niño se da cuenta de que los demás también tienen necesidades. Ensena LA PERSPECTIVA, o ver otros puntos de vista, y puede llevar al niño a desarrollar la habilidad de ponerse en el lugar de otras personas. También ganaras el respeto del niño,. Y esto hará que el niño se sienta seguro.

3) Ofrece una solución:

“Dejamos aquí el camión y mañana cuando te despiertas aquí estará “

Los bebes de un año empiezan a entender “espera un minutito” aunque no tienen noción del tiempo  saben esperar un lapso si nunca les hace esperar mucho. Los bebes de dos y de tres anos pueden aprender a comprender la frase “Ya te lo diré cuando te toque,” si nunca se les hace esperar mas de un par de minutos. Esto ayuda a los niños a aprender a posponer su gratificación, pero no estorba su comprensión de un corto tiempo.

4) Siempre, ayuda decir algo que demuestre su confianza en las habilidades de su niño y en su deseo de aprender:

“Cuando estés más grande, sé que lo lograrás  (lo que sea que se espere de el o ella).”

“La próxima vez puedes (vuelva a decir lo esperado de una manera positiva).” Esto afirma su confianza en el niño, y le deja saber que  asumes que tiene la capacidad de crecer y madurarse; le comunica también su creencia en su buena voluntad.

5) Puedes demostrar una manera mejor de hacer las cosas y ofrecerle otra opción:

“Nosotros no pegamos. Tócame la cara, suavemente.” (Acaríciale suavemente.)

“No tires el rompecabezas, Los rompecabezas no se tiran. Vamos a hacerlos juntos.”

Esto le pone límites firmes, pero ayuda al niño a comprender que eres sus compañeros y no enemigo.

6) Si se frustra  distráelo, muchas veces se les puede cambiar la situación a algo similar pero mas apropiado. Llévelo de la mano y dile:

“Esa es la comida del perro. Aquí esta la tuya.”

“!No! Rosa no puede morder a Ester. Puede morder la galleta o su pelota  de goma.”

“Juan necesita ese juguete. Tengo uno aquí para ti.”

Esto afirma el derecho del niño de escoger lo que va a hacer, y a la vez le enseña que los demás también tienen derechos.

7) Evita las acusaciones. Habla con palabras y tonos respetuosos. Esto le ayudara a mantener una buena imagen de si mismo y animara su tendencia de cooperar.

8) Ayúdales a expresar sus sentimientos, incluso el enojo. Ayúdales a pensar en las alternativas y en las soluciones a sus problemas. Los adultos deben de evitar de engancharse en el enojo de los niños:

“Estas enojado conmigo porque estas cansado. Es difícil que uno sea amable cuando le hace falta dormir. Creo que cuando te despiertes estarás de buen humor.”

“Te has enojado porque no te he dejado comer los dulces. Te dejare escoger entre un plátano y una manzana. ? Cuál te parece?”

Esto estimula las características que queremos ver en el desarrollo de nuestros hijos, tales como el conocimiento de sentimientos y de confianza razonable, y les ayudara a solucionar los problemas sin escenas desagradables.

9) Es importante dar instrucciones claras y sencillas en una voz amable y firme. Esto le asegurara que los niños no se confundan ni que se nieguen a obedecerle.

10) Recuerda que a  todos los niños les gusta  probar, tocar, oler, explorar, examinar, etc. A veces los pequeñitos no saben compartir muy bien; primero tienen que experimentar con ser posesivos antes de poder compartir. Necesitan afirmarse (“No,” “No puedo,” “No lo haré,” “Lo voy a hacer yo”). Necesitan separarse un poco de sus padres, es decir llegar a ser individuos. Un modo de hacerlo es decir que no y no hacer lo que se les pide; otro modo es hacer lo que no es aceptable.

Los límites les permiten aprender a organizarse a protegerse, a tener buenos hábitos que los ayuden a vivir mejor.

 

UN AMBIENTE POSITIVO ANIMA LA AUTODISCIPLINA

Crear un ambiente positivo para los pequeñitos incluye:

* pasar mucho tiempo libre con ellos;

* compartir actividades y juegos importantes y juegos significantes con ellos;

* escuchar y contestarles como iguales, no como instructor

* Felicitar sus esfuerzos: “!Guillermo esta comiendo solo! !Juana se esta poniendo el zapato!” (Aunque en realidad lo que vea sean solo intentos); y

* sonreírles, tocarlos, acariciarlos, besarlos, abrazarlos, etc.

 

ACUÉRDATE QUE LA DISCIPLINA POSITIVA

* Aumenta el amor propio (autoestima) del niño,

* Permite que se sienta importante,

* Anima su desarrollo de cooperación,

* Permite que aprenda poco a poco las muchas habilidades necesarias para asumir la responsabilidad de lo que le pase,

* Lo ayuda a tomar la iniciativa, a llevarse bien con los demás y a resolver los problemas.

Psicóloga clínica Alexandra Styger

Alex_sty@hotmail.com

Cel:044.55.34.71.61.28

 

  • Niños agresivos o niños agredidos?  Francoise Dolto. Paidós
  • Causa de los niños. Francoise Dolto. Paidós
  • Niño deseado, niño feliz. Francoise Dolto. Paidós
  • Un ser humano. Silvana Quattrocchi Montanaro. Cuatro Vientos.
  • Padres “buenos” padres “malos” Patricia  Juárez Badillo
  • Los padres perfectos no existen:Isabelle Filliozat
  • Buenos chicos que se portan mal. Peter Williamson. Paidós
  • Positive Discipline). ERIC Digest.

Los Límites – Boletín

 

LOS LÍMITES

¿Que son los límites?

 

  • “Conocimiento de las costumbres y buenos modales conforme a ciertas normas y costumbres de la sociedad”.
  • Françoise Dolto dice: “Hay  que respetar al niño como un ser y individuo diferente de nosotros, pero siempre  dejarlo en su lugar de niño.”

 

¿Porque los limites?

 

A veces el solo hecho de nombrar la palabra límites molesta, parecería que  estamos “limitando”, o cortando las habilidades de nuestros hijos.

Sin embargo, la palabra límite no tiene que ver con limitación, sino con protección, ponemos límites a nuestros hijos para protegerlos de manera emocional y física. El amor parental implica un deber de educación. Uno quiere a su hijo para que nos pueda dejar un día y ser independiente, y que tenga herramientas para  enfrentar el mundo solo.



Los límites, es cuestión de dos.

 

Es muy importante que el padre y la madre pongan los límites y que vayan en  el mismo sentido mandando un mensaje claro y constante al niño. Los papas que se contradicen en frente del niño darán pauta a que el niño no obedezca  y la autoridad no tendrá tanto valor para él.

 

Reglas importantes

 

  • Prohibir :

    Tienen derecho a prohibir pero siempre explicando.   Es legitimo pedir a sus hijos  de no jugar, de no ver la televisión, o de no comer un pastel  pero es importante siempre explicar por qué no y formularlo con una positiva más que con un “no”

Ejemplo:” Se que en general es tu hora de jugar pero hoy tienes que ir a acostarte temprano porque acuérdate que mañana es un gran día y que tienes que levantarte temprano para no estar cansado y tener mucha energía para jugar con tus amigos, va a estar padre!”

“Prefiero que juegues con ese juguete porque esto es muy frágil y lo puedes romper, o es peligroso, mira te enseño lo que puede pasar….”

 

  • EDAD

           No hay edad para indicar límites.

 

Desde la edad más temprana los niños necesitan límites o rutinas.

Por ejemplo, para un bebe los limites son sus horarios de sueño, de comida del baño, será importante para el que encuentre un ritmo y constancia en sus horarios, es lo que le contiene y le da seguridad.

Al niño más grande los límites se explican hablándole. Por ejemplo, se podrá decir al niño que llora porque reclama toda la atención de su madre:

Mama y papa quieren hablar juntos ahora mamá te alcanza a tu cuarto mientras empieza a ver tu libro.”

Recuerda que: aun el niño que  todavía no habla, te entiende y siempre te puedes comunicar con él.

 

  • Hasta la adolescencia es importante  poner reglas.

 

El adolescente  busca los límites y prueba siempre la autoridad y se construye en la imposición para ver “Hasta donde me quieren”. Quieren ser ignorados e ignoran, sin embargo necesitan comprobar que siempre alguien está ahí y los “aguanta”

 

No se le pone el mismo límite a un niño de 4 años que a un adolescente. Los límites van de acuerdo a su desarrollo y capacidades.

 

  • Haz acuerdos o pactos con ellos:

    Contribuyen a que el niño se sienta responsable de sus actos y a que establezca un compromiso acerca de lo que debe mejorar o cambiar en su comportamiento.    

Es importante asegurarse, al hacer estos tratos, que los términos sean justos para ambas partes y que las condiciones hayan sido claramente entendidas por el niño. Asimismo, se debe ser coherente con su cumplimiento.

 

  • Es válido poner castigos?

 

Es mucho más formativo aplicar consecuencias naturales a los actos. Por ejemplo: “si lo tiras lo recoges”. Es muy importante encontrar consecuencias lógicas a los actos de los niños ya que de esa manera los hacemos responsables. A un niño de dos años:” si tiras tu tenedor ahora lo vamos a recoger juntos porque no me gusta que tires las cosas”.

“si no acabamos rápido la tarea no nos da tiempo de ir al parque”

                                      

  • Es importante no humillarlo, ni ridiculizarlo, ni exponerlo a “castigos” degradantes en frente de otros.
  • Poner límites es una labor de paciencia, consistencia, constancia y coherencia, entre actos y palabras.

 

  • Recuerda que el límite se pone con cariño, si la consecuencia que pusiste es equilibrada (no lastima, no degrada, no es exagerada),  te podrías sentir satisfecho de estar educando a tu hijo. La culpa es un sentimiento que no te lleva a nada, resuelve lo que te hace sentir culpable, y trasciéndela. No eres mala madre o padre por no responder a todas las necesidades  y deseos de tu hijo.



RECUERDA QUE: Los límites son delimitaciones de un camino, son cercos protectores, y dan seguridad a tu hijo.

 

Psicóloga clínica Alexandra Styger

Alex_sty@hotmail.com

Cel:044,55,34,71,61,28







  

Bibliografía  

  • Niños agresivos o niños agredidos?  Francoise Dolto. Paidós
  • Causa de los niños. Francoise Dolto. Paidós
  • Niño deseado, niño feliz. Francoise Dolto. Paidós
  • Un ser humano. Silvana Quattrocchi Montanaro. Cuatro Vientos.
  • Buenos chicos que se portan mal. Peter Williamson. Paidós

 

Depresión postparto

Depresión postparto

El nacimiento de un bebé puede provocar una confusión de emociones fuertes, de entusiasmo y alegría al miedo y la ansiedad. Pero también puede resultar en algo que no podría esperar: la depresión.

Muchas nuevas mamás experimentan los “baby blues” después del parto, que comúnmente incluyen cambios de humor y ataques de llanto que se desvanecen rápidamente. Sin embargo, algunas mujeres experimentan una forma más grave y duradera de la depresión conocida como depresión postparto. En raras ocasiones, una forma extrema de la depresión postparto conocido como psicosis posparto se desarrolla después de dar a luz.

La depresión posparto no es un defecto de carácter o una debilidad. A veces es simplemente una complicación de parto. Si usted tiene depresión posparto, el tratamiento oportuno puede ayudar a controlar sus síntomas – y disfrutar de su bebé.

Índice

  • 1 Síntomas
  • 2 Causas
  • 3 Factores de riesgo
  • 4 Complicaciones
  • 5 Diagnóstico
  • 6 Tratamiento
    • 6.1 Baby blues
    • 6.2 Depresión posparto
    • 6.3 Psicosis posparto
  • 7 Remedios caseros
  • 8 Prevención

Síntomas

Los signos y síntomas de depresión después del parto varían, dependiendo del tipo de depresión.

Síntomas Baby Blues

Los signos y síntomas de la depresión posparto – que duran sólo unos pocos días a una semana o dos – pueden incluir:

  • Cambios de humor
  • Ansiedad
  • Tristeza
  • Irritabilidad
  • Llanto
  • Disminución de la concentración
  • Problemas para dormir

Síntomas de la depresión posparto

La depresión posparto puede parecer que la depresión posparto en primera – pero los signos y síntomas son más intensos y de mayor duración, eventualmente interferir con su capacidad para cuidar de su bebé y manejar otras tareas cotidianas. Síntomas de la depresión posparto pueden incluir:

  • Pérdida de apetito
  • Insomnio
  • Irritabilidad y enojo intenso
  • Fatiga abrumadora
  • Pérdida de interés en el sexo
  • Falta de alegría en la vida
  • Sentimientos de vergüenza, culpa o insuficiencia
  • Cambios de humor severos
  • Unión dificultad con su bebé
  • Aislamiento de los amigos y la familia
  • Pensamientos de hacerse daño a sí mismo o a su bebé

Sin tratamiento, la depresión posparto puede durar varios meses o más.

Psicosis posparto

Con la psicosis postparto – una condición poco común que generalmente se desarrolla en las dos primeras semanas después del parto – los signos y síntomas son más severos. Los signos y síntomas de la psicosis posparto pueden incluir:

  • Confusión y desorientación
  • Alucinaciones y delirios
  • Paranoia
  • Intentos de hacer daño a sí mismo o a su bebé

Cuándo consultar a un médico

Si te sientes deprimido después del nacimiento de su bebé, que pueden ser reacios o vergüenza de admitirlo. Pero es importante que llame a su médico si los signos y síntomas de depresión tienen alguna de estas características:

  • No se desvanecen después de dos semanas
  • Están empeorando
  • Que sea difícil para usted para cuidar a su bebé
  • Que sea difícil de completar las tareas diarias
  • Incluya pensamientos de hacerse daño a sí mismo oa su bebé

Si usted sospecha que está desarrollando la psicosis posparto, busque atención médica de inmediato. No espere más y la esperanza de mejora. La psicosis posparto puede conducir a pensamientos o comportamientos que amenazan la vida.

Causas

No hay una sola causa de la depresión postparto. Factores físicos, emocionales y de estilo de vida pueden jugar un papel.

  • Cambios físicos. Después del parto, una caída dramática en las hormonas (estrógeno y progesterona) en el cuerpo puede contribuir a la depresión postparto. Otras hormonas producidas por la glándula tiroides también pueden caer en picado – que puede hacer que uno se sienta cansado, lento y deprimido (hipotiroidismo). Los cambios en el volumen de sangre, la presión arterial, el sistema inmunológico y el metabolismo pueden contribuir a la fatiga y cambios de humor.
  • Factores emocionales. Cuando estás privado de sueño y abrumado, es posible que tenga problemas para manejar incluso problemas menores. Usted puede estar ansioso acerca de su capacidad para cuidar de un recién nacido. Usted puede sentir menos atractivo o la lucha con su sentido de la identidad. Usted puede sentir que ha perdido el control sobre su vida. Cualquiera de estos factores puede contribuir a la depresión postparto.
  • Influencias de estilo de vida. Muchos factores de estilo de vida pueden conducir a la depresión posparto, entre ellas un bebé exigente o hermanos mayores, dificultad para la lactancia materna, los problemas financieros y la falta de apoyo de su pareja u otros seres queridos.

Factores de riesgo

La depresión postparto se puede desarrollar después de cualquier nacimiento, no sólo el primero. El riesgo aumenta si:

  • Tiene un historial de depresión, ya sea durante el embarazo o en otros momentos
  • Tenía depresión posparto después de un embarazo anterior
  • Ha experimentado situaciones de estrés durante el año pasado, como las complicaciones del embarazo, enfermedad o pérdida de trabajo
  • Está teniendo problemas en su relación con su cónyuge o pareja
  • Tiene un sistema de apoyo débil
  • Tiene problemas financieros
  • El embarazo fue no planeado o no deseado

El riesgo de la psicosis posparto es más elevada para las mujeres que tienen trastorno bipolar.

Complicaciones

Sin tratamiento, la depresión postparto puede interferir con el vínculo madre-hijo y problemas familiares. Los hijos de madres con depresión postparto no tratada son más propensos a tener problemas de conducta, tales como dificultad para dormir y comer, rabietas e hiperactividad. Los retrasos en el desarrollo del lenguaje son más comunes también.

La depresión postparto no tratada puede durar meses o más, a veces convertirse en un trastorno depresivo crónico. Incluso cuando se trata, la depresión posparto aumenta el riesgo de futuros episodios de depresión mayor de la mujer.

Diagnóstico

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) considera la depresión posparto un subtipo de depresión mayor. El DSM, publicado por la Asociación Americana de Psiquiatría, es utilizado por los proveedores de salud mental para diagnosticar enfermedades mentales y las compañías de seguros para reembolsar para el tratamiento.

Según el DSM, en la depresión posparto, los signos y síntomas de la depresión mayor tienen que desarrollar dentro de las cuatro semanas de dar a luz. Los signos y síntomas de un episodio depresivo mayor incluyen, entre otras cosas:

  • Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día, casi cada día
  • Un menor interés y placer en actividades que antes disfrutaba
  • Cambio significativo en el apetito o cambios no deseados en el peso
  • Incapacidad para dormir (insomnio) o somnolencia excesiva (hipersomnia)
  • Agitación o lentitud en los movimientos notables
  • Fatiga o pérdida de energía
  • Sentimientos de inutilidad
  • Disminución de la capacidad para pensar, concentrarse o tomar decisiones
  • Pensamientos recurrentes de muerte o suicidio

Para distinguir entre un caso a corto plazo de la depresión posparto y una forma más grave de la depresión, su médico puede pedirle que complete un cuestionario de depresión de cribado. Además, su médico probablemente le hará pruebas de sangre para determinar si el hipotiroidismo está contribuyendo a sus signos y síntomas.

Tratamiento

El tratamiento y el tiempo de recuperación puede variar, dependiendo de la gravedad de su depresión y sus necesidades individuales.

Baby blues

La depresión posparto suelen desaparecer por sí solos dentro de unos días a una o dos semanas. Mientras tanto, descansar tanto como sea posible. Acepte la ayuda de familiares y amigos. Conectate con otras mamás. Evite el alcohol, lo que puede hacer cambios de humor peor. Si usted tiene una tiroides poco activa, su médico le puede recetar medicamentos para la tiroides.

Depresión posparto

La depresión posparto suele tratarse con terapia y medicación.

  • Consejería. Puede ayudar a hablar a través de sus preocupaciones con un psiquiatra, psicólogo u otro profesional de la salud mental. A través de asesoramiento, usted puede encontrar mejores maneras de lidiar con sus sentimientos, resolver problemas y establecer metas realistas. A veces la terapia familiar o la relación también ayuda.
  • Antidepresivos. Los antidepresivos son un tratamiento probado para la depresión posparto. Si usted está en periodo de lactancia, es importante saber que cualquier medicamento que toma entrará en la leche materna. Sin embargo, algunos antidepresivos pueden utilizarse durante la lactancia con poco riesgo de efectos secundarios para el bebé. Trabaje con su médico para sopesar los posibles riesgos y beneficios de los antidepresivos específicos.
  • Terapia hormonal. reemplazo de estrógeno puede ayudar a contrarrestar la rápida disminución de estrógeno que acompaña el parto, lo que puede aliviar los signos y síntomas de la depresión postparto en algunas mujeres. La investigación sobre la eficacia de la terapia hormonal para la depresión postparto se limita, sin embargo. Al igual que con los antidepresivos, sopesar los posibles riesgos y beneficios de la terapia hormonal con su médico.

Con el tratamiento adecuado, la depresión posparto suele desaparecer a los pocos meses. En algunos casos, la depresión posparto dura mucho más tiempo. Es importante continuar el tratamiento después de que usted empiece a sentirse mejor. Suspender el tratamiento demasiado pronto puede llevar a una recaída.

Psicosis posparto

La psicosis posparto requiere tratamiento inmediato, a menudo en el hospital.

Cuando está garantizada su seguridad, una combinación de medicamentos – como los antidepresivos, antipsicóticos y estabilizadores del estado de ánimo – se puede utilizar para controlar sus signos y síntomas. A veces se recomienda la terapia electroconvulsiva (TEC) también.

Durante la TEC, una pequeña cantidad de corriente eléctrica se aplica al cerebro a producir ondas cerebrales similares a los que ocurren durante un ataque. Los cambios químicos provocados por las corrientes eléctricas que pueden reducir los síntomas de depresión, especialmente cuando otros tratamientos han fallado o cuando se necesita resultados inmediatos.

El tratamiento para la psicosis posparto puede desafiar la capacidad de la madre para amamantar. La separación del bebé hace difícil la lactancia materna, y algunos medicamentos utilizados para tratar la psicosis posparto no se recomienda para las mujeres que están en periodo de lactancia. Si está experimentando una psicosis posparto, un equipo de proveedores de atención médica le ayudará a trabajar a través de estos desafíos.

Remedios caseros

La depresión postparto no es generalmente una condición que se puede tratar por si misma – pero puede hacer algunas cosas por sí misma que se basan en el plan de tratamiento y ayudar a acelerar la recuperación.

  • Tomar decisiones de estilo de vida saludables. Incluya la actividad física, como caminar con su bebé, en su rutina diaria. Coma alimentos saludables y evitar el alcohol.
  • Establecer expectativas realistas. No presione a ti mismo para hacer todo. Escala de nuevo sus expectativas para el hogar perfecto. Haga lo que pueda y deje el resto.
  • Pida ayuda cuando la necesite.
  • Tómese un tiempo para usted mismo. Si usted siente que el mundo está llegando a tu alrededor, tomar algún tiempo para usted. Vestirse, salir de la casa y visitar a un amigo o hacer un mandado. O programar un tiempo a solas con su pareja.
  • Responder positivamente. Cuando nos enfrentamos a una situación negativa, se centran en mantener los pensamientos positivos. Incluso si una situación no deseada no cambia, puede cambiar la manera de pensar y comportarse en respuesta a la misma – un breve curso de la terapia cognitivo-conductual puede ayudar a aprender cómo hacer esto.
  • Evitar el aislamiento. Hable con su pareja, familia y amigos sobre cómo se siente.
  • Pregunte a otras madres sobre sus experiencias. Pregúntele a su médico acerca de grupos locales de apoyo para las nuevas mamás o mujeres que tienen depresión posparto.

Recuerde, la mejor manera de cuidar de su bebé es cuidar de ti mismo.

Prevención

Si tiene un historial de depresión – depresión, especialmente después del parto – dígale a su médico tan pronto como se entere de que está embarazada. Su médico le vigilará de cerca para detectar signos y síntomas de la depresión. A veces la depresión leve se puede controlar con los grupos de apoyo, consejería u otras terapias. En otros casos, se recomiendan los antidepresivos – incluso durante el embarazo.

Después de que nazca su bebé, su médico le puede recomendar un chequeo posparto temprano para detectar los signos y síntomas de la depresión posparto. Cuanto antes se detecte, el tratamiento temprano puede comenzar. Si usted tiene un historial de depresión post-parto, el médico puede recomendar un tratamiento antidepresivo inmediatamente después del parto.

La mirada de una madre y la función maternal: “soy mirado, luego existo”

¿Cómo influye la mirada entre madre e hijo para desarrollar un vínculo de apego?

La importancia de la función materna en los primeros momentos en los que nacemos es algo esencial, aunque muchas veces pase desapercibido.Para entender hasta qué punto es importante en nuestras vidas, merece la pena examinar lo que ocurre durante la etapa en la que esta juega un papel en la protección, educación y proporción de afecto a los más pequeños.

¿Qué es la función materna?

La función materna en los bebés se entiende como el deseo de brindarles alimento físico y emocional a los infantes.

No solo es necesario realizar los cuidados relacionados con el bienestar físico (comida, abrigo, aseo, limpieza, descanso…) sino que tamién involucra los estímulos afectivos benignos o positivos. Los niños que son desprovistos de estos estímulos afectivos fallecen con frecuencia bajo la afección llamada hospitalismo.

Los estímulos afectivos positivos

Los estímulos afectivos benignos o positivos son aquellos que nacen innatamente del deseo de amar a esa nueva criatura. Tienen que ver con el tono de voz dulce y suave, las sonrisas, caricias y abrazos, y la mirada constante a los ojos del otro.

Muchas veces las madres que contemplan a sus hijos “se pierden en la mirada de su ser amado, y su ser amado se encuentra en la mirada de su madre”. Es importante mencionar que por razones biológicas las madres suelen tenerlo más fácil a la hora de lograr una mayor vinculación emocional con sus hijos. Por ende, cumplen con la función materna de forma más espontánea.

No obstante, la función materna puede ser asumida por cualquier persona que tenga la disposición y competencias afectivas necesarias para demostrar afecto.

La necesidad de contacto afectivo

Un bebé es ese ser humano totalmente dependiente de los cuidados de los otros. Es una criatura con tendencias innatas al crecimiento y al desarrollo, pero en este momento es parte del vínculo con esa figura materna, quien le permitirá continuar con su propio desarrollo.

Al principio la función materna se circunscribe a brindarle amparo, sostén, protección, resguardarlo de peligros y cubrir sus necesidades fisiológicas, así como emocionales. Es un proceso que las madres aprenden a gestionar mientras amamantan a sus hijos; de ahí la importancia afectiva de comprender la importancia de la lactancia.

El valor de la lactancia materna

Cuando las madres amamantan a sus hijos inician un vínculo cálido (madre-hijo) sostenido por las miradas, caricias, gestos, tono de voz, los cuidados… En este vínculo se genera una especie de complicidad entre ambos; de esa manera la madre aprende a conocer las necesidades de su pequeño en las mínimas llamadas de atención que este realice. Es decir, fácilmente logra distinguir un llanto de hambre a un llanto por sueño, así como saber con una simple mirada de su hijo si está enfermo.

Es una condición psicológica especial que desarrollan las madres durante las semanas posteriores al nacimiento. Emocionalmente, su bebé todavía es parte de ella, y por ende, ella muestra una gran sensibilidad ante lo que expresa el bebé.

Los bebés aprenden a reconocer el rostro de su madre en los momentos más placenteros que experimentan al inicio de sus vidas: la lactancia. Alimentarse y mirar el rostro de la madre les permite crear esa relación de unidad en donde la madre le refleja lo que él le significa.

El espejo de la mirada

La mirada que tiene lugar como parte de la función materna es el primer espejo en donde el niño empieza a diferenciarse y a reaccionar ante el otro, pues se percata de la respuesta que genera su presencia en el otro; de ahí la importancia de retribuir los constantes gestos, movimientos y sonidos que emite el pequeño, pues es el momento que se empieza a descubrir como persona.

En este momento el niño depende de “la mirada”, de la presencia, de los cuidados de esa figura materna. Son los primeros pasos hacia la construcción sana del autoconceptoautoestima y seguridad, y si hay anomalías en esta fase, pueden aparecer problemas de desarrollo y conducta. Algunos trastornos que se presentan en la vida adulta pueden tener sus raíces en este tipo de vinculaciones defectuosas realizadas durante los primeros seis meses de vida.

La lactancia en el contexto actual

Lamentablemente, hoy en día las madres tienen sumamente limitadas las posibilidades de brindar este tipo de vinculación con sus bebés, o bien son desconocedoras de la importancia de “mirarlo” y trasmitirle seguridad y tranquilidad. Asumen la lactancia garantizándose sólo el alimento. Por ejemplo, mientras se da el pecho se suele conversar por teléfono, revisar Facebook, leer el periódico… Su atención está en otras cosas.

En ocasiones, también se asume la lactancia como el derecho de la madre a amantar, sumiendo una postura de triunfo a favor de las mujeres cuando en el ámbito social se les permite o facilita espacios para realizarlo cómodamente en público sin censura alguna. En ambos casos es de recordar que no se puede caer en el error de asumirlo solo como derecho de las madres, es el derecho del niño a ser mirado, consentido, atendido, sentido mientras se está alimentando.

La evolución de la función materna

Conforme el niño crece “emocionalmente” empieza a descubrir sus propias necesidades de exploración del entorno. Esta dinámica empieza con conductas como chuparse el dedo, mirar objetos, adquirir mejores y mayores posturas, dominar su cuerpo, tirar y sostener objetos, etc.

Avanza con seguridad hacia una mejor dependencia. El niño está atento a su entorno, receptivo y dispuesto a captar sonidos, movimientos, texturas, etc. Por ende, empieza a desprenderse de la mirada de la madre. Este proceso trascurso de los seis meses a los tres años.

El juguete favorito

En esta etapa, es usual que los niños adquieran un objeto, llámese cobija, almohada, chupón, o simplemente juguete. Los pequeños necesitan este objeto para aliviar la angustia de separación con los familiares y poder empezar a explorar el mundo.

Se trata de la primera pertenencia que adquieren, es “casi sagrada” para ellos y los acompaña a todas partes, independientemente de su estado. Puede oler mal, estar sucio, dañado, desagarrado, descolorido, pero ese objeto contiene todo lo necesario para desligarse de su madre y sentirse seguro en nuevos espacios.

Se recomienda mantener esa unión niño-objeto. Generalmente solo logrará desprenderse de su objeto cuando este esté vinculado al sentimiento de seguridad. En ocasiones los padres consultan si pueden lavarlo o cambiarlo por otro nuevo, pero es importante aclarar que para el niño es muy importante mantener el que eligió y sentirse seguro de que está a su alcance, es decir, que no se le hagan comentarios despectivos como: “Vea que feo que está, no sea cochino, cambiémoslo”. El objeto significa para el niño una fuente de seguridad que va más allá de lo que como adultos podemos comprender.

Escondiéndose

Finalmente comienza a esconderse de la madre, juega a desaparecer o a que esta desaparezca; es el inicio o los primeros pasos hacia la independencia. Se comienzan a dar los primeros juegos a escondidas; el niño explora el mundo pero con la seguridad de poder volver a su lugar de confort: Los brazos de la persona que lo protege y le da afecto.

Es en este momento tanto el bebé como la madre deben estar preparados para asumir esta primera separación con seguridad y tranquilidad; sin presiones o limitaciones. La madre debe facilitarle a su hijo nuevas relaciones y posibilidades de comprender su entorno. En adelante el niño estará preparado para iniciar la faceta del juego, donde finalmente no necesita la “mirada de su madre”, se concentra por espacios extensos jugando en su propio mundo e incorporando la participación de otros niños en su diario vivir. Está preparado para continuar y desarrollarse como un ser independiente y estable emocionalmente.